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Cambiando el foco: hacia una vida plena y significativa

Es paradójico ver como en las sociedades desarrolladas de occidente, en que las necesidades básicas de alimentación, salud, seguridad… Están garantizadas para la inmensa mayoría como nunca antes en la historia de la humanidad, el sufrimiento y los problemas psicológicos están alcanzando del mismo modo, cifras récord cada vez mayores.

Teniendo en cuenta que el genoma humano evoluciona a un ritmo tremendamente lento, y de hecho se podría decir que tenemos el mismo Kit biológico que tenían nuestros ancestros hace miles de años, resulta difícil explicar el gran aumento de dificultades psicológicas a través de cambios genéticos disfuncionales, o problemas bioquímicos asociados.

Del mismo modo que si una planta no florece, nos fijamos en su entorno (la tierra, la maceta, el abono…) y no en qué hay dentro de la planta, si las personas genéticamente, la pasta de la que estamos hechos, es la misma desde hace miles de años, quizás sería buena idea pararse a estudiar qué hay alrededor de la persona, en qué contextos se desarrolla, para comprender mejor los problemas psicológicos.

Vivimos inmersos en toda una serie de leyes, normas y creencias, ya sean más o menos explícitas, fruto de nuestra cultura y convenciones sociales, que condicionan nuestra forma de hacer y entender. Algunas hacen referencia a qué está bien y qué no está bien, qué es o no aceptable, otras a vestirse, comportarse, relacionarse, e incluso sentirse de una manera determinada.

Los debería hacer esto, o no debería bajo ningún concepto pensar así, o el tengo que quitarme esta sensación, el yo siempre me equivoco, el yo nunca lograré, lo haría pero, las personas buenas hacen…, el soy malo y merezcono merezco…, el sentirse así es inaceptable, es injusto que me haya pasado esto… Son algunas de las reglas que existen en nuestro entorno, podríamos llamarlas prisiones verbales, hemos crecido con ellas y según la flexibilidad o rigidez con que se tomen, en ocasiones pueden dar lugar a limitaciones en la vida de las personas.

Del mismo modo, existen otros elementos en el entorno que parecen estar jugando un papel importante en el malestar psicológico de las personas, y son las leyes implícitas y creencias sobre la felicidad y el sufrimiento. Si se le pregunta a una madre qué quiere que sea su hijo, tras varias preguntas, lo más probable es que responda con: “lo que sea, pero que sea feliz”.

La felicidad parece ser el destino de todos los esfuerzos y el sentido final de la vida, el sentir mariposas en el estómago al ver a la pareja, rebosar de alegría con los amigos, levantarse cada mañana con ganas de empezar el día y llegar al trabajo con una sonrisa de oreja a oreja. Por lo contrario, dadas las comodidades básicas de nuestra sociedad el sufrimiento ha quedado relegado a un segundo plano, cuando hay sufrimiento es que algo falla, algo está mal y hay que arreglarlo; quizás no es esa tu media naranja, no es el trabajo que tendrías que estar realizando, etc.

Lo mismo cuando hay tristeza, angustia, o enfado. De nuevo, existen toda una serie de reglas en relación a cómo uno debe sentirse y pensar, (siempre en positivo…) que parecen no ajustarse a la realidad, pues el único modo de vivir sin sufrimiento es vivir sin todo aquello que puede generar amor, ilusión, alegría o felicidad.

“La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida” Viktor Frankl

Todo lo que amamos en la vida puede perderse, existe la incertidumbre, la posibilidad de fracasar ante un proyecto ilusionante, la pérdida de un ser querido… Y aunque no suceda o vaya a suceder, pueden venir preocupaciones, pensamientos, dudas sobre uno mismo, imágenes o recuerdos que nos hagan sufrir.

En la sociedad del consumo, sin embargo, se está estigmatizando el malestar. Existe un producto para cada tipo de incomodidad y dolor, lo cual no tiene nada de malo en sí, más cuando se plantea el sufrimiento como algo a evitar a toda costa, algo que impide la felicidad, a menudo vendida como un estado de sensaciones placenteras estables, surgen complicaciones.

Surge que las personas empiezan a clasificar sus pensamientos, emociones y demás sensaciones como positivas o negativas, y a vivir en base a aumentar las positivas y evitar o reducir las negativas, de modo que lo más importante en la vida, deja de ser aquello que para uno es valioso, para pasar a ser el cómo se siente uno por dentro. La vida está ahí fuera, y uno se basa en lo que hay dentro, dedicando enormes cantidades de tiempo y energía a esa lucha interna.

Con la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) ayudamos a las personas a relacionarse con su malestar desde otra perspectiva, de modo que éste no sea un impedimento para que la persona pueda llevar la vida que desea llevar a cabo. Se ayuda a la persona a salir fortalecida de los “baches de la vida” en lugar de quedar atrapada en ellos, al dejar sus peleas internas y girarse para invertir sus esfuerzos en construir vida, una vida rica, plena y significativa.

En línea con este planteamiento, puedes ver este magnífico vídeo en que el experto en ACT Russ Harris habla sobre “Los 3 mitos de la Felicidad”

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