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¿Qué es una sexualidad sana? 

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La Psicoterapia es un proceso complejo. Los psicólogos nos preparamos durante al menos cinco años y aun así sentimos que cuándo salimos de la carrera bien poco sabemos de la mente humana. Es por ello por lo que la mayor parte de nosotros seguimos estudiando y formándonos durante todos nuestros años de profesión, para dar un mejor servicio y poder ayudar de la mejor forma a las personas que vienen a vernos.

La sexualidad humana es un complejo aspecto de nuestra vida, en la que interactúan multitud de variables médicas, psicológicas, físicas, emocionales, culturales y sociales.

Es por ello habitual que a lo largo de nuestra vida sexual, como en otras áreas de nuestra existencia, atravesemos cambios naturales, y en ocasiones dificultades, bloqueos, atascos y por ello pueden derivarse sentimientos de frustración, vergüenza, rabia o tristeza.

La sexualidad no es sólo un acto mecánico-fisiológico compuesto de fases encadenadas y predecibles:

Es un acto de conexión, intimidad, creatividad entre dos (o más) personas que desean compartir esa experiencia conjunta.

En nuestra sociedad el sexo se identifica con lo privado, con lo secreto. Por lo que si no cumples las expectativas culturales socialmente establecidas, es probable que sientas vergüenza.

Si a eso añadimos la gran cantidad de tabúes, creencias erróneas, el resultado es sufrimiento para muchas personas.

De hecho se estima que sólo una de cada tres personas que presentan disfunciones busca ayuda profesional. Por citar algunos ejemplos; el bajo deseo sexual se cree que afecta a un 34% de las mujeres y aun 16% de los hombres. La disfunción eréctil afecta entre un 36% y un 53% de los hombres que acuden a clínicas especializadas. El trastorno orgásmico femenino varía entre el 5% y un 20% de la población normal. Y por último, la eyaculación precoz afectaría entre un 36% a un 38% de la población general…

Cómo pueden observar las dificultades sexuales, no son nada infrecuentes, más bien todo lo contrario.

Cuando se intentan analizar las causas de esta problemática, hay cierto consenso entre los expertos en señalar: la presión cultural como generadora de creencias erróneas. Por ejemplo: “Los hombres siempre tienen ganas de sexo”, “El sexo es malo, es una obligación y sólo consiste en que el hombre se desahogue”, “Sexo o relaciones sexuales quieren decir coito. Lo demás son conductas sustitutivas, cuando no anormales. Cualquier otra cosa que no se coito no cuenta.”

Estas y muchas creencias han calado en nuestra forma de experimentar nuestra sexualidad, encorsetando nuestro deseos. Por ello en todo tratamiento sexual, es importante una reestructuración de esas creencias nocivas.

Nuestra vida sexual es algo artesano, único, vivo que interactúa con todos los aspectos de nuestro ser, además de todos los aspectos de nuestro compañero/a.

Es por ello fundamental, validar cómo nos sentimos en nuestra experiencia única, sin esperar lo que es “normal”.

Además de las creencias culturales acerca del sexo, nos encontramos con otras dificultades, que me gustaría destacar:

El Hedonismo: cómo búsqueda de placer. La sexualidad desde ahí se vive como un objetivo, donde el orgasmo es el fin en sí mismo de toda la experiencia. Esto provoca una disociación, o no reconocimiento consciente de otras sensaciones que pueden aparecer en el acto sexual, como por ejemplo el asco, el cansancio, la inseguridad. Si no somos conscientes de ello, nos limitaremos a vivir una experiencia de masturbación mutua.

En nuestra cultura hay una profunda desconexión con el cuerpo, no nos enseñan a escucharlo ni a respetarlo, y no sólo en el ámbito sexual; ¿Cuántas veces han comido por comer?, ¿Cuántas veces han aguantado las ganas de ir al baño porque estaban trabajando? ¿Cuántas veces han tenido un encuentro sexual y han accedido a hacer algo que no les apetecía por complacer o no herir al compañero/a?

La sexualidad no es PIM+PAM= Placer. Es algo más delicado.

Nuestra desnudez en el acto sexual simboliza nuestra vulnerabilidad y nuestro yo más profundo deseando expresarse con espontaneidad y autenticidad, pero hay capas de inseguridad, o incluso traumas que lo bloquean.

Si queremos liberarnos es imprescindible conectar con nuestro cuerpo y permitirnos sentir lo que sentimos, sea agradable o no y vivir la experiencia sin expectativas, sin clichés, descubriendo esas capas emocionales que cubren la experiencia sexual.

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