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Víctima de una etiqueta verbal 

Las etiquetas verbales que nos adjudican o nos adjudicamos nos acaban definiendo y limitando a lo largo de nuestra vida:

‘’ Eres un desastre siempre lo pierdes todo’’
‘’ Eres demasiado patosa para hacer baile’’
‘’ No podrás llegar a hacer eso tu solo’’
‘’ Eres muy llorona’’

Un ejemplo sería el de una niña que comienza a hacer clases de patinaje. Ella cada vez que patina disfruta mucho de esa actividad en compañía de otras niñas. Para su madre, su hija no tiene facilidad para patinar y le dice repetidamente que la nota un poco patosa, entonces la pequeña decide dejar de ir, ya no se siente cómoda al practicar algo en lo que no es lo suficientemente buena para su madre.

A lo largo de su vida evitará cualquier situación que se relacione con el patinaje porque la idea de ‘’eres patosa para hacer patinaje’’ se convertirá en una realidad limitante, porque para ella lo que dice su madre es una verdad absoluta, lo aceptará, aceptando así también esa etiqueta de por vida.

Si en algún momento le preguntan porque no siguió patinando lo más probable es que responda ‘’ eso no era para mí’’, sin embargo, ella disfrutaba muchísimo cuando podía hacerlo.

No somos del todo conscientes sobre el poder que pueden llegar a tener las etiquetas verbales y aunque en el mayor de los casos no se haga de forma intencionada, como padres es importante prevenir en como etiquetamos desde muy pequeños a los hijos/as. Para ello, el hecho de utilizar un lenguaje adecuado puede ayudar a que estas etiquetas no se produzcan. Evitar los ‘’nunca’’; los ‘’eres’’; los ‘’siempre’’ por ‘’a veces’’ ‘’en situaciones’’.

‘’Siempre lloras por todo’’ es una etiqueta que limitara al niño/a porque probablemente no siempre llore por todo y en todas las situaciones, sin embargo, poniendo esta etiqueta conseguiremos que al cabo de los años se convierta en ‘’ soy un/a llorón/a’’. Probemos a cambiarlo por ‘’ a veces o en situaciones sientes la necesidad de llorar’’ de esta forma, el niño/a ya no se definirá como ‘’soy un/a llorón/a’’ sino como ‘’ Soy Pol, hay situaciones que me hacen llorar’’. Esto deja de ser limitante para el niño/a porque sigue siendo Pol y a veces llora, pero a veces no.

Si reflexionamos un poco, probablemente, nosotros los adultos, encontremos en nuestra historia de vida etiquetas que nos hemos puesto o que nos han puesto y las limitaciones que han conllevado.

En mi caso, cuando tuve que decidir que bachillerato hacía, ya desde entonces tenia muy claro que quería dedicarme a la Psicología, informándome sobre que bachillerato me iría mejor descubrí que el científico seria el ideal y cuando fui alegremente a contárselo a la que entonces era mi tutora, ella me dijo que yo no era buena en matemáticas ya que siempre había tenido que esforzarme mucho para aprobar, que era más coherente que hiciese el humanístico. Le hice caso, para mi ella tenia la verdad absoluta en ese momento. Me costó años quitarme mi etiqueta ‘’ no eres buena en matemáticas ‘’ hasta que llegué a la universidad y tuve que enfrentarme a clases de estadística y si, mi tutora tenia razón en una cosa, tenia que esforzarme mucho, pero eso no significaba que no pudiera conseguirlo.

Seguramente vosotros como padres y madres también tendréis vuestras pequeñas o grandes etiquetas, os animo a que reflexionéis sobre ellas y en como podéis ayudar y facilitar que vuestros hijos/as no las sufran.

¿Esa etiqueta me la puse yo mismo o me la pusieron otros?

¿Qué sueños dejaste de lado por creer que no eras bueno/a para lograr algo?

Laura Andreu
Psicóloga Infantil y Juvenil. Especialista en Mindfulness, Realidad Virtual y nuevas terapias en Psicologia Infanto Juvenil.

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